De la mano de Víctor Calzado: Invítame a cenar

Hace mucho tiempo que sigo los "podcasts" de Bart Hanson y no sólo se hacen entretenidos sino que tienen una calidad para el aprendizaje de lo más interesante de la oferta de "podcasts", una buena parte de ellos gratuitos todavía del mercado.

Sobra decir, pero ya que estamos en ello tocaremos el tema, que un conocimiento amplio de la lengua de Shakespeare es imprescindible si queremos mejorar en el juego. Cierto es que hay muchos contenidos en español que nos pueden ayudar pero el idioma, como para todo en la vida, es indispensable, y es seguramente la mejor inversión en tiempo que le puede dedicar alguien que quiera mejorar en su juego, y se puede hacer viendo la tele o "youtube", muy acorde a los tiempos.

Bueno, vuelvo al hilo, a ver si no se me escapa y me pierdo en el laberinto, lo que es bastante frecuente, lo sé.

Si nos ponemos a contar la cantidad de veces que alguien nos habla de la etiqueta en las mesas -no, no las notas, la etiqueta-, eso de saber comportarse cuando el amigo rico te invita a una fiesta, nos quedamos muy rápido sin dedos.

Insultar a otros jugadores no sólo nos saca de nuestro juego y de nuestra capacidad de razonar con claridad y sin prejuicios, que nos costarán cada vez más caros, sino que genera una sensación muy negativa en el otro jugador sobre el juego en sí mismo.

A fin de cuentas, la gran mayoría de nosotros entramos a la sala, o nos acercamos al casino, a pasar un buen rato y a intentar, cómo no, pinchar algo. Se trata de una mezcla de competición y diversión tan potente que es complicado no dejarse seducir al menos un par de veces a la semana.

Con lo que cuando insultamos a otro, o convertimos una mano en un tema personal, el clima que generamos en la mesa es malo para nosotros, malo para los demás, y malo para el juego.

La violencia, aunque sea verbal, solo genera miseria, siendo las guerras las mayores generadoras de miseria global en cuestión de días, la violencia en casa que destruye familias y mutila niños para toda la vida, incluso, por desgracia, la violencia en el futbol, que nos hace plantearnos si no sería mejor expulsar para siempre a los indeseables de los campos.

De hecho la tolerancia tanto en vivo, como en las salas online, de la violencia, normalmente verbal es mínima y es muy común que lo peores elementos de la sala se pasen la vida sin chat, en el fondo sólo les vale para lo que les debería valer un buen psicólogo.

No es que debamos tener miedo a que nos suspendan el chat, en el fondo es una herramienta más y si lo usamos con frecuencia será porque somos jugadores a los que les gusta socializar y pocas veces insultaremos. Yo tengo muchos amigos que conocí hace años en las mesas y muchos "amigos" a los que sólo me encuentro en las mesas, pero bueno nos saludamos, preguntamos por las familias, hablamos de fútbol, vamos como en el bar.

Eso le sienta bien a mi juego, a mi concentración y a mi vida en general. Si el chat, en tu caso, no te está aportando beneficios similares y no te enriquece de ninguna manera posible lo mejor es que lo evites y te dediques simplemente a jugar.

El segundo tema, normalmente estrechamente relacionado con éste, está en no sólo insultar a los rivales sino que además hacerlo corrigiendo sus errores o constatando lo malos que son o lo malo de una jugada en concreto. Esto tiene otro problema añadido y por fin llegamos a la historia del bueno de Bart.

Bart es un jugador de juegos mixtos, de ahí una buena parte de mi interés, que se gana la vida jugando "NL Holdem" en vivo en Las Vegas. En uno de sus "podcasts" contaba que cuando decidió hacerse profesional no tuvo demasiado en cuenta sus necesidades económicas con lo que algunos "downswings" le afectaban demasiado.

Una noche jugando en la misma mesa que un jugador bastante mayor que él se comió un "bad beat" terrible que le costó casi todo lo acumulado. En pleno "tilt" se dedicó a insultar al jugador, a decirle que era una vergüenza que a su edad jugara así, que vaya movimiento más malo, que un "call" así no lo hace ni un niño de cuatro años, bueno, os podéis imaginar.

El buen hombre le dedicó una sonrisa e intento calmarlo, lo que consiguió poco a poco. Cuando nuestro amigo se encontraba calmado le dijo muy serio: "Muchacho deberías estar pensando en invitarme a cenar y no en hacer lo que has hecho".

Sabemos que a la gente le duele menos perder con gente que les cae bien que con tipos que sean desagradables o agresivos, con lo que es importante no caer mal, y a ser posible caer bien. Si además juntamos que poder jugar a diario con un tipo mucho peor que nosotros y dispuesto a jugarse botes enormes con manos marginales es el sueño de cualquier jugador, con lo que es muy importante no hacer que se sienta
incómodo.

Con lo que en definitiva tanto si somos jugadores recreacionales como si nos tomamos el juego más en serio, nos interesa comportarnos en la mesa como caballeros y señoritas dignos de una recepción del embajador. Será bueno para nuestro juego en general y para nuestra disciplina mental y concentración de forma particular.

Además, y mucho más importante, la violencia, como dije antes, sólo genera miseria, y ya nos pone la vida bastantes trabas como para que nos empeñemos en hacernos miserables con cosas que deberían, muy al contrario, hacernos felices y permitirnos desconectar de nuestros problemas durante unas horas.

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