Breve historia del poker

Por Juan Manuel Pastor

El origen del poker tiene muchas sombras, como no podía ser de otra manera en un juego que se ha mantenido entre ellas hasta hace bien poco. Existen diversas teorías que apuntan a diferentes regiones, países, ciudades y hasta pueblos. Hagamos un pequeño repaso que nos aclare las cosas. Unos cuantos eruditos del asunto abogan -o sería mejor decir apuestan- por Mu Tsung, emperador chino que vivió allá por el 900 d.C. Parece que el oriental se aburría con su esposa -nada nuevo bajo el sol, por otro lado-… e inventó una especie de dominó de cartas que pudo ser el embrión del poker. Las crónicas no dicen si esto salvó el matrimonio, pero nos tememos lo peor. Si la cosa iba mal, imaginénse como acabó cuando el bueno de Mu se lió con el naipe.

Otros no salen de Asia y dirigen sus miradas a la India y a un juego denominado “ganjifa”. Esto no era más que 96 cartas pintadas primorosamente que se usaban en diferentes divertimentos de mesa en los que había envites. Al parecer de aquí provendría, y pegamos otro salto geográfico, el “as nas” persa. Consistía en un juego de cinco contendientes con 25 naipes de cinco palos. Como en las sevillanas, no faltaba de “ná”: jugador que ejercía de mano, rondas de apuestas, jerarquía de jugadas… Muchas similitudes con el poker y unas raíces relativamente modernas: el siglo XVII.

Damos ahora un brinco y nos plantamos en la vieja Europa, donde parece que nada ha nacido; pero todo se ha perfeccionado y extendido por el globo terráqueo. Bueno, lo que no nos pueden negar es que es la cuna de la democracia, aunque esto, por desgracia, no se ha propagado a todos los rincones del planeta llamado Tierra. Pero volvamos a lo nuestro. Muchos de los expertos parecen coincidir en que el poker deriva del juego francés poque. Apuestas, faroles y picas, tréboles, diamantes y corazones; demasiadas coincidencias para negar lo evidente. En Alemania nos topamos con un precursor del galo poque, el denominado “pochpiel”, algo así como “juego del golpe”. Sin duda, muy teutón. El nombrecito era debido a que los participantes decían si pasaban o iban con un golpe con los nudillos: “ich poche”. No se crean que se trataba de una especie de boxeo, la que se llevaba la tarascada era la mesa. Los faroles también alumbraban/oscurecían este juego.

El que dijo que las pistolas y las cartas las carga el diablo debía de ser danés, ya que pokker significa eso en su lengua, el demonio… Mejor, no sigamos esta pista; aunque lo que no se puede negar es que los puñeteros daneses juegan como lo haría el mismísimo Mefistófeles.

Resumiendo, la suma de todo esto es más que probable que influyera en el desarrollo del poker tal y como existe ahora. Cada uno fue aportando su granito de arena. Las reglas generales son muy antiguas y conservan la influencia de juegos de distintas civilizaciones y épocas.

Pero, sin más dilación, nos vamos al país que lo ha popularizado y extendido por la faz de la Tierra: Estados Unidos. Nueva Orleans y el Mississippi son los focos a partir de los que se fue ramificando. La ciudad de los diques fue el corazón y el río la artería que lo condujo al resto del país. La conclusión es clara: fueron los galos lo que lo llevaron al Nuevo Mundo (otros dicen que fueron los marineros persas lo que lo introdujeron con su as nas). La teoría más aceptada es que los colonos franceses lo exportaron al resto de la nación a través de la ciudad del jazz.

A comienzos del 1800 se jugaba con una baraja de 20 cartas y era un modo común de pelar los bolsillos a los pardillos que se dejaban embaucar. Los barcos que surcaban el gran río y la guerra civil que enfrentó a nordistas y sudistas se encargaron del resto. El poque se jugaba para pasar el rato, si no había a mano un casaca azul o gris al que volarle el pescuezo… Sin embargo, fue Mr. Green el que lo bautizó con el nombre de “poker”. El tal Jonathan H. Green acabó con sus huesos en la trena por algunos pecadillos de juventud. En el talego aprendió el arte del “burlé”. Esta criatura de Dios decidió ir por el camino recto y no tuvo otra ocurrencia que meter sus narices en las barcazas que surcaban el Mississippi y convertirse en jugador profesional…

”El juego de los tramposos” era la denominación de origen que recibían las modalidades que por allí se practicaban. Este juego anónimo llevo a Green a publicar su libro An exposure of the arts and misteries of gambling: poker. Y ya tenemos bautizo y nombre.

La causa de la vuelta a Europa del poker moderno fue muy parecida a la de su extensión por Norteamérica: la guerra. Las tropas expedicionarias estadounidenses que se deplazaron a combatir en la las dos guerras mundiales mataban -obvio el chiste fácil- el tiempo jugando a las cartas, y los que los rodeaban, primero mirones y luego participantes activos, se dejaron querer y aprendieron. Lo demás es fácil de imaginar.

Al principio, el five card draw dominó la escena con el seven card stud. Pero, a partir de los años 70 el texas hold´em gana por KO, no sé si técnico, pero sí por fuera de combate. Las World Series of Poker (WSOP), los libros Theory of poker (David Sklansky) o Super system (Doyle Brunson) e internet fueron los principales motores que propulsaron esta modalidad a las cotas que ha alcanzado en nuestros días.

Para terminar, unas pocas líneas sobre el texas hold´em. Cuenta la leyenda, y subrayo el último término, que la ciudad que lo vio nacer fue la noble villa de Robstown, en Texas, alrededor del 1900. En Dallas hizo su aparición 25 años después. No es de extrañar el origen tejano del invento: hombres rudos y pendencieros que apostaban a ver quién tenía más… bemoles. “Hold´em”, no significa otra cosa que “aguántalas”. Vamos, que a estos tíos no los echaban de una mano ni a tiros.

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