Cartas desde Las Vegas III

Por Juan Manuel Pastor

Nosferatu

Queridos todos:

Ese fue el título de la primera peli de terror de la historia. Nosferatu es el nombre que recibe el vampiro protagonista. Pues bien, la vida que lleva el conde Orlok, que así se llama el maldito, es parecida a la mía. ¿Por qué? Descanso de día y vivo de noche. Pastor, es usted un golfo. No. Es el puñetero jet lag, que como buen acreedor, no me lo quito de encima. He probado la solución final: cervezas a gogó y a dormir la trompa. Nada. Funciona de momento, pero a la larga es peor. Lo que más abunda en las diferentes salas de poker de por aquí son las ojeras. Zombis que vagan de un lado a otro con cara de estar hechos una porquería. Eso de "belleza natural" de Dove, aquí, no funciona. Creo que me estoy transformado, ya que huyo de la luz, no tolero el gazpacho y empiezo a sentir un nosequé y un queseyó cuando veo un crucifijo. Cada vez me atrae más la arteria carótida de las doncellas, cuando antes lo que me llamaba la atención eran otras zonas. Más detalles, visto de negro riguroso y he empezado a balbucear palabras en rumano espontáneamente.

Otra cosa que prolifera son los listillos, generalmente por parejas o incluso tríos. Ojo avizor cuando se siente alguien de ustedes vosotros en una mesa de cash y atentos a gente que no digo que jueguen compinchada, pero sí enamorados. Vamos, que se quieren y se respetan. ¿Me entendéis? Vamos, que nosotros somos el pichón y ellos la parejita de águilas de Harris; que me ha dicho mi amigo Ernesto Serrano, experto cetrero, que son las únicas rapaces que cazan en grupo. Pues estos pajaritos, lo mismito.

Otros especímenes con los que hay que tener atención suprema son los orientales. Cuando yo era chiquillo, que ya tengo más años que la orilla del río, recuerdo una suerte de coplilla que decía: "Los chinitos de la China, cuando no saben que hacer, tiran piedras a lo alto y dicen que va a llover". Pues bien, como los tiempos cambian que es una barbaridad, ahora lo que hacen no es tirar piedras a lo alto, sino fichas en el centro de la mesa de poker. Y no vean las que preparan. Es más difícil ganar a uno de estos que a Phil Ivey. Son duros como diamantes. Por hoy, os dejo. En la próxima haré un especial sobre las titis del lugar, que merecen capítulo aparte. Me voy a meter en el sarcófago, que comienza a salir el astro rey.

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