Seguramente, cualquiera que haya jugado a poker ha hecho de dealer alguna vez, aunque es muy probable que no fuera de uno muy bueno. La gran mayoría hemos aprendido a jugar alrededor de la mesa de la cocina, por donde nos hemos tenido que arrastrar recogiendo cartas del suelo en nuestros intentos de barajar con arte, y por donde se nos han desparramado las monedas cuando intentábamos hacer montones con el bote.

Nada que ver con quienes lo hacen de manera profesional, los que vemos en la tele lanzando cartas que forman un arco perfecto hasta caer frente a nueve jugadores de poker extremadamente exigentes. Esta gente te monta el flop en una línea perfecta, pone los grupos de fichas en bonitos montones iguales, y es capaz de contarlos todos en un abrir y cerrar de ojos.


Toby Stone, director del torneo EPT de PokerStars

¿Qué crees, que nacen así? Pues no, para nada. Todo es fruto de formación, práctica y compromiso con una profesión. Es probable que los buenos dealers de poker profesionales no consigan el reconocimiento que merecen, pero son absolutamente fundamentales para el buen funcionamiento de una sala de poker o un gran torneo. Los jugadores necesitan buenos dealers para poder ver cuantas más manos de poker sea posible y, al mismo tiempo, saber que se mantiene la integridad del juego. Por otro lado, los propietarios de los casinos y los organizadores de torneos saben que sus clientes pasan más tiempo con los dealers que con cualquier otra persona; por ello, deben asegurarse de que ese rato es agradable, independientemente de que las cartas salgan a favor del jugador o no.

“Poco importa si la comida es buena, el local es precioso, la decoración del lugar es genial o la fiesta es estupenda”, dice Toby Stone, director del European Poker Tour (EPT), torneo que patrocina PokerStars. “Necesitas tener un dealer amable, que disfrute de su trabajo, que no tenga prejuicios hacia los jugadores nuevos, trate igual a todo el mundo, y que reparta de manera rápida y precisa… El 99% de la experiencia que tenga el jugador depende de esa mesa y ese dealer. Lo primero que quieres es tener esa parte resuelta, todo lo demás ya vendrá después”.

Stone lleva 30 años metido en el mundo del poker, muchos de ellos como dealer. En ese tiempo, el juego ha vivido un increíble aumento de popularidad, y ha pasado de ser algo a lo que jugaban unos pocos elegidos en las esquinas de unos cuantos casinos a ser una actividad mainstream de masas. Pese a que el poker en vivo se ha visto afectado en gran manera por la pandemia mundial, los eventos del EPT antes del Covid solían arrastrar a miles de jugadores a destinos como Barcelona, Praga o Montecarlo. Estos eventos, en los que llegaba a haber 150 mesas funcionando al mismo tiempo, necesitaban equipos de hasta 200 dealers, más otras 50 personas en los mostradores de registro y de fichas o como supervisores del juego.

Y los dealers tienen que estar preparados para el trabajo. 

Repartir cartas en EPT de Montecarlo no se puede comparar con ningún otro lugar

“Necesitas tener resistencia”, dice Stone. “De media, se trabajan de 10 a 12 horas al día; a veces, puedes trabajar incluso 13 o 14 horas. Hay uno o dos días del EPT en los que puedes llegar a trabajarlas. Tienes descansos a menudo, y paras para comer… pero, sí, puede ser duro, además, obviamente, unos eventos son más duros que otros”.

No hay una forma clara y evidente de convertirse en dealer que todo el mundo siga. Para algunos, puede que les guste jugar y quieran meterse en la industria. Para otros, puede ser un trabajo ideal mientras estudian en la universidad o tienen otro tipo de compromisos. Por supuesto, también hay algunos para los que simplemente se trata de un trabajo que encontraron cuando lo buscaban, y que recompensa la dedicación y el esfuerzo con la posibilidad de viajar, formar parte de un equipo de entusiastas e ir ganando dinero mientras tanto.

Muchas cadenas de casino ofrecen formación a quienes se inscriben para ser dealers, y es probable que les presenten a crupieres de las mesas de otros juegos antes de que cada uno decida si se quiere especializar en poker. Existen unas cuantas escuelas para dealers de poker por el mundo, además de que hoy en día hay muchos tutoriales online sobre cómo barajar, contar fichas o repartir en las diferentes modalidades de juego. Aun así, no te esperes que por haber visto un par de videos en YouTube vas a ir y ponerte a repartir en un torneo Super High Roller. Stone calcula que solamente alrededor del 20% de las personas que intentan convertirse en dealer de poker están a la altura, no es un trabajo tan glamuroso como nos pueda hacer creer la televisión.

 

DEALERS BAJO EL MICROSCOPIO:
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“Te tiene que gustar lo que haces”, dice Stone. “Trabajas en el sector servicios y te encuentras con gente que normalmente no es que sea muy amable. A los dealers se les suele culpar de las malas manos y ese tipo de cosas. Necesitas tener estómago para ello, porque si no, no vas a poder con la tontería”.

Hay, claro está, cosas que compensan. Los principales eventos de poker se suelen celebrar en destinos espectaculares por todo el mundo, y los dealers más punteros (antes de la era Covid) podían trabajar en hasta tres eventos al mes. La mayoría de dealers son autónomos, lo que les permite trabajar en distintos circuitos y, aunque las condiciones y lo que pagan cambia de una empresa a otra, normalmente los costes de desplazamiento y alojamiento se pagan aparte del sueldo”.

Los dealers se preparan para su jornada en el EPT de Praga

Esto normalmente depende del nivel de premios del torneo, según el estándar de cada operador, y se cobra por hora trabajada. Por eso, la mayor parte de los dealers se frota las manos con las jornadas que se alargan: más trabajo equivale a más dinero.

Aunque en los momentos cumbre de un evento suele haber poco tiempo para el ocio, a nadie que vaya a un torneo de poker se le impide añadir un par de días extra al principio o el final del viaje para visitar y relajarse en la ciudad del destino. Lo mejor de todo es que la plantilla de dealers forma parte de un equipo grande que muchas veces viaja junto. Se suelen forjar grandes amistades con los colegas y se comparten los momentos buenos y malos -así como los gastos del viaje y la estancia.

“Sin duda, hay un sentido de comunidad”, señala Stone. “Todas estas personas trabajan con amigos suyos a menudo durante muchos años. Creo que a muchos de los dealers de poker realmente les gusta este mundillo. Les encanta el juego. Están muy orgullosos de lo que hacen y sé, por propia experiencia, que siempre quieren ser el mejor dealer. En mi época no quería que hubiera nadie mejor que yo”.

Stone explica que mucha gente tiende a alejarse de ese mundo según van cambiando sus prioridades personales –“Realmente es un trabajo para gente joven”-, pero que algunos sí que consiguen tener una carrera larga. Lo normal es pasar a ser supervisor de sala y luego puede que director de torneo, y los puestos de más nivel solo van a parar a gente que antes haya sido dealer. Los dealers son quienes están más cerca de la acción y la observan con atención; deben contar y manejar las fichas rápidamente y de manera precisa. Todas estas habilidades son necesarias para los puestos de casino de niveles más altos, y siempre se promociona de manera interna”.

Los buenos dealers mantienen la partida en movimiento de manera rápida y precisa

Por supuesto, a algunos dealers les puede gustar verse como jugador de poker, y todo el tiempo que han estado observando las mesas les sitúa en una posición privilegiada para detectar nuevas estrategias y estilos. De todas formas, que la partida se mueva de manera rápida y precisa es una prioridad mucho más alta que quedarse con la estrategia de poker, y los mejores dealers son aquellos que mantienen la concentración durante todo el largo tiempo que tienen que hacerlo, sin distracciones.

En 2010, pasamos un rato con muchos de los dealers de las World Series of Poker (WSOP) en Las Vegas, quienes pasaban muchas horas en las mesas durante siete días seguidos, y que tenían todo tipo de historias. Entre ellos estaba Doug Schertz, un profesor de secundaria de matemáticas de Crystal Lake, Illinois, que se había jubilado y, con entonces 63 años, estaba trabajando en sus cuartas Series Mundiales.

“No me involucro emocionalmente”, dijo Schertz. “Solo intento hacer el mejor trabajo posible, sin cometer errores. Y asegurarme de que la persona que tenga que ganar gane lo que se supone que tiene que ganar… No aspiro a ser una estrella del poker, simplemente me gusta formar parte de ello”.

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