De la mano de Víctor Calzado: el mito de la taberna

Decía un famoso borracho de la Grecia Clásica (Copazo), que nuestra percepción de la realidad no es más que una imagen borrosa de la realidad misma. Nos encontramos en una taberna, donde no dejan de ponernos copazos y nuestra percepción se altera por la influencia de esos factores extras que, junto con nuestra mente, producen una interpretación que se aleja en mayor o menor medida de la realidad misma.

Igual la que ha llegado a vuestros oídos es la versión más políticamente correcta, pero en el fondo Platón y su amigo Copazo nos vienen a decir lo mismo.

Si hablamos de la psicología del poker tenemos que pasar necesariamente por la taberna. Cuando la información de la que disponemos de una situación es incompleta y la respuesta tiene que ser más o menos inmediata nuestra mente se adapta, toma atajos y usa herramientas y procesos mentales para completar y procesar esa información.

Todo parece más o menos correcto, pero si volvemos al mantra de las últimas semanas nos encontramos con que, a veces, esas herramientas nos alejan de la lógica y la racionalidad y nos empujan a tomar decisiones y sacar conclusiones equivocadas. Muchas de esas decisiones están influenciadas por lo que llamamos sesgos cognitivos. Son los culpables de que muchas de nuestras decisiones parezcan tomadas con un par de copazos de más.

Si he de ser sincero, hablar de ellos podría ser un auténtico coñazo y no sabría muy bien cómo hacerlo de una forma relativamente amena. Sí, aunque a veces no os lo parezca, esa es mi intención cada semana. Por suerte hace unos días un amigo me pasó un enlace a un artículo que hizo que todo pareciera encajar cual maquinaria suiza.

Se trata de un artículo que habla del efecto Dunning-Kruger. Los autores exponen que nuestra capacidad para juzgar nuestro desempeño en una determinada actividad depende de la habilidad para llevarla a cabo de forma eficiente. Cuanto peores somos en una cosa, más difícil nos resulta darnos cuenta de nuestros errores y, por tanto, más complicado resulta corregirlos.

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La buena noticia es que la capacidad de los miembros del pelotón de cola para juzgarse mejoró cuando fueron sometidos a entrenamiento para la realización de la actividad. A la vez que mejoraban eran capaces de juzgarse con mayor precisión. De ahí que os repita y repita que el trabajo es muy importante a la hora de mejorar en el juego, porque nos ayuda a dominar a nuestra parte menos racional.

Las capacidades de tomar mejores decisiones y de juzgarnos de forma ecuánime van de la mano en el camino de salida de la taberna.

Muchos de los sesgos cognitivos, que evolutivamente surgieron para facilitar la toma de decisiones en situaciones de riesgo, son nuestros enemigos en las mesas de poker. Otros, que no están tan claros, como mecanismos de "ayuda" son nuestros enemigos en las mesas de la taberna en general.

Seguro que a los que me seguís os suena la aversión al riesgo, valorar la posible pérdida mucho más que la ganancia potencial, uno de los sesgos encaminados a evitar situaciones de peligro. Su contrario, el efecto de pseudocerteza, que nos hace tomar riesgos absurdos pensando en la posible recompensa, también os sonará.

Igualmente seguro que os suena lo del autoengaño y la capacidad mínima de autocrítica. En este caso hablamos de un porcentaje significativo de sesgos trabajando en colaboración para hacernos unos borrachos miserables, que ven toda la taberna borrosa y desdibujada mientras gritan que están serenos.

La precepción selectiva, uno de los más comunes que todos sufrimos en mayor o menor medida, hace que nuestras expectativas, deseos e ilusiones afecten a nuestra percepción.

Si le añadimos unas gotitas de ilusión del control, que nos hace tener la sensación de poder influir sobre situaciones en las que no tenemos ningún control, un poco de prejuicio por resultados, el resultadismo de toda la vida, un poco de sesgo de confirmación, el famoso "ya sabía yo que iba a caer el rey en river", y unas gotitas de sesgo de atención, tomamos nuestras decisiones basadas sólo en la información que nos interesa o nos parece más importantes. Estamos listos para una buena borrachera.

Si le añadimos, además, la negación de la probabilidad, ignorar las probabilidades reales en nuestras decisiones, y la negación del efecto base, ignorando la información estadística, la resaca va a ser terrible. Y lista además para enlazar con la siguiente borrachera.

"El maldito fish subiendo otra vez", "no va a tener color siempre", "además si cae otra pica me cae mi color máximo", "con la suerte que ha tenido en las dos manos anteriores, le llevo frito seguro", "como el bote es pequeño me lo quiere robar", "vaya, lo sabía, le han vuelto a dar el color". ¿Os suena?

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La situación se suele repetir, si le añadimos unos "bad beats" y nos agarrarnos a nuestras premiums como garrapatas, (sesgo de anclaje), lo tenemos todo listo para caer en el grupo de los conspirativos. Nuestro cerebro además lo está deseando.

Nosotros somos buenos y mejores que los tipos que nos ganan (volvemos al efecto Dunning-Kruger, que tiene mucho de efecto de superconfianza) y además tenemos muchas razones para pensar en que nos roban, porque el efecto del mundo justo, nos hace creer que todo el mundo tiene lo que se merece y mucho más el que más lo desea.
Vale, es cierto, os estoy mintiendo porque me pagan por ello (efecto del poder corrupto), lo que digo son todo tonterías y soy un instrumento del poder que no merece credibilidad (efecto keinshorm).

Además, todo el mundo lo sabe (efecto de arrastre y efecto del falso consenso), hay muchos vídeos y páginas que presentan pruebas sólidas que no se pueden refutar digan lo que digan (sesgo de confirmación y sesgo de congruencia).

Si le añadimos que las situaciones ideales son aquellas que nos permiten echarle la culpa a otro (sesgo de la responsabilidad externa) y que es muy posible que lo veamos todo negro y lleno de fantasmas (inclinación a la negatividad) estamos listos para compartir mesa con todos los que piensan como nosotros (prejuicio de pertenencia al grupo) y ponernos ciegos en vez de visitar las cuatro A y empezar a trabajar en nuestro problema.

Porqué nosotros no sufrimos de estas cosas (efecto del punto ciego), porqué nosotros estamos muy por encima de la media en juego y lo hacemos casi todo bien, el efecto Dunning-Kruger no es para nosotros. De hecho, en la taberna sólo charlamos con los colegas y nunca le damos al vino, tenemos una capacidad innata para hacer lo correcto y hacerlo todo bien.

Gastar nuestras energías en lamentos, ignorar la realidad, no trabajar lo suficiente y negar que nuestro cerebro es un mecanismo trucado, nos puede venir bien para ser los tipos "más mejores" de la taberna, pero lejos de Copazo, en la vida y en las mesas, no nos estamos haciendo ningún favor.

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