Dos billetes al paraíso

Artículo original de Leo Fernández.

Al final del LAPT en Panamá, en cuyo Evento Principal pasé por caja, tuve algunos días libres antes de viajar a Barcelona para jugar el EPT. Empecé a pensar sobre cuál sería la mejor opción para mantener el ritmo en las mesas, y no había mucho que hacer salvo sentarse en las mesas del Veneto, viajar al casino de Bahamas o a Uruguay para jugar una parada del Conrad Poker Tour. Pero no hubo ningún indicio sobre cual sería la decisión correcta.

Fue entonces cuando recibí una invitación muy particular de Haidu, el editor de la revista Pokerface en la que escribo, de cada tema, en la columna de IntelliPoker. El tenía que escribir un artículo sobre San Blas para publicar en septiembre y me preguntó si quería ir con el de viaje a una pequeña isla del mar Caribe. Solo sabía del precioso archipiélago gracias a "En el muelle de San Blas", la canción de la banda mexicana, Maná. Pero no tenía ni idea de adónde íbamos, y no sabía que el viaje para llegar hasta allí era solo para gente intrépida.

Antes de marcharnos me dijo: "Leo, ten en cuenta que a donde vamos no hay internet para jugar al poker, ni tampoco cobertura telefónica. Así que pensé que tras largos torneos, y debido a los nervios del juego, el cuerpo acumula estrés - jugar al poker con altos niveles de concentración puede ser exhausto, y con el paso de los años puedes sentirlo mucho más -. Entendí que lo mejor que podría hacer era desconectar de la civilización durante unos días para recargar las pilas, recargar energías antes de partir hacia Barcelona. Sin duda, fue la decisión correcta.

Esa misma tarde caminamos por las calles de Panamá (no me gustan los centros comerciales) buscando cosas que necesitásemos: una navaja multiusos, una gorra, crema solar y una riñonera. Por la mañana, un jeep nos recogió en el hotel a las 05:00 horas. Sí, has leído bien, a las 05:00 horas. Medio dormido y expectante, el viaje a través de las montañas duró como tres horas hasta que llegamos a un muelle donde después de esperar 45 minutos bajo un sol abrasador tomamos - junto con dos jóvenes chicas americana y española - una lancha motora que no parecía demasiado segura. La lancha empezó a bajar el río, como en una peli americana sobre el Vietnam, hasta entrar en el increíble mar Caribe.

Después de otros 45 minutos en la lancha, llegamos a una pequeña isla de unos 400 metros cuadradas que recorrimos en 10 minutos. Mi primera sensación fue: "Dios mio, ¡Estoy atascado en un salvapantallas!"

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Pero inmediatamente entendí que no podía haber un sitio en el mundo más bonito: aguas cristalinas a una temperatura perfecta, arena fina que acariciaba tus pies, y los lugareños nos recibieron con langostas, ostra y otras delicias de marisco. La habitación, compartida con otros compañeros de viajes, era una especie de cabaña en donde el aire fresco se filtraba entre la caña, y con un techo de paja que era suficiente para soportar la lluvia. Esos tres días estuvieron repletos de increíbles anécdotas, y como dijo el lugareño (cuyo último nombre era Fernández), lo que pasa en la isla se queda en la isla. Guardaré esas memorias como un pirata guarda sus tesoros más valiosos. A veces es bueno para el espíritu volver a lo esencial, a las cosas más simples; para recordar que jugar al poker es maravilloso, para recordar que puedes vivir (solo unos días) desconectado. Os dejo algunas imágenes y el artículo que Haidu escribió en la revista Pokerface. ¡Hasta la próxima!

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