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Tanto si juegas a poker onlinecomo en torneos de poker en vivo, te encontrarás a jugadores que utilizan una amplia gama de estilos, echando mano de la estrategia que mejor les venga. Pero vayas donde vayas, tienden a acabar siendo de un determinado tipo. No importa si juegas en Las Vegas, Londres, Brasil o el ciberespacio, seguro que te encuentras con el capitán de la mesa, el adicto a la acción, el asesino silencioso o el imán del bad beat.
A continuación, echaremos un vistazo a algunos de estos individuos, a quienes les une su amor al poker.
El capitán de la mesa
Los capitanes de la mesa se aseguran de que el juego sea fluido. Son grandes defensores de las reglas de poker y el protocolo. A menudo, el capitán es la persona más mayor de la mesa, el que ejerce de moderador e intentará cambiar de tema si la cosa empieza a subir de tono. Son sus décadas de sabiduría lo que les coloca en una situación universal de respeto y poder. Los mejores capitanes de mesa animan como si fueran un entrenador, pero muchos son muy severos, así que no les busques las cosquillas. El capitán puede ser tan poderoso como un abogado del Estado o tan indiferente como la apática señora que sirve las raciones en el comedor del colegio. Los capitanes suelen ser juristas amateurs que sentenciarán con gusto pequeñas discrepancias, sobre todo si son sobre deportes.
El noob feliz
Se puede detectar a un principiante a kilómetros de distancia. Brillan, y lucen con orgullo todo tipo de camisetas de propaganda de poker. Suelen utilizar jerga que acaban de aprender. Y, sobre todo, les encanta el juego y lo proclaman a los cuatro vientos. A nadie le gusta más el poker que a los noobs (los novatos). Todo el mundo recuerda esa fase de luna de miel cuando te enamoras del poker por primera vez y quieres jugar a todas horas. Siempre es divertido jugar con nuevos jugadores porque su emoción es verdadera y contagiosa. Como se suele decir, «la ignorancia es una bendición».
El adicto a la acción
En toda mesa de profesionales hay alguien que provoca la acción. El adicto a la acción puede ser alguien que pase de jugar, una ballena con los bolsillos llenos a la que le encanta ir por ahí salpicando a los demás con fichas. O puede ser un yonqui de la adrenalina al que le va la intensidad. En vez de saltar desde un avión, te sube en la ciega grande. De vez en cuando te encuentras con alguien que directamente está como una cabra, inclinado al caos.
La cotorra sabelotodo
En la serie americana Cheers tenían a Cliff Clavin, un cartero sabelotodo que solía molestar al resto de clientes del bar con sus oscuras lecciones sobre historia e historietas retorcidas que no decían nada. Cierto que, a veces, esa persona que conoce algunos datos curiosos al azar (por ejemplo, quién anotó más goles en el Mundial de 1978) puede resultar algo entretenida durante una sesión aburrida. Pero puede convertirse en una auténtica tortura si te toca sentarte al lado de un sabelotodo insoportable que no calla ni debajo del agua. Cuando la conversación de la mesa empieza a divagar sobre la genealogía y los nombres de cada uno de los lobos de Juego de Tronos, es justo el momento de ponerse los cascos o de hacer callar a la cotorra.
El eterno aspirante a pro
Es importante tener metas y aspiraciones, sobre todo en el poker. El eterno aspirante nunca acaba de alcanzarlas. Es posible que sus sueños nunca acaben de realizarse por completo, o que simplemente que fuera de las mesas no tenga las habilidades necesarias para conseguirlo. Son fáciles de ver. Se saben cada línea de diálogo de la película Rounders.
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Saben comentar las partidas, retransmiten todas sus sesiones online, le dan a «Favorito» en los tweets de Daniel Negreanu y se visten como los profesionales que salen en la tele. Pero las apariencias se quedan ahí, sobre todo en poker. El fondo es lo que paga las facturas.
El asesino silencioso
Lo contrario de un eterno aspirante o de un farsante es un profesional de verdad. Esos son los francotiradores profesionales que te eliminan del torneo antes de que te des cuenta. Como los cuerpos de élite, están muy preparados y se mueven en las sombras. Entran y salen sigilosamente de las zonas de peligro con gran precisión. Son lo opuesto a James Bond. No los verás en traje chaqueta, sino más bien con una sudadera. Buscan camuflarse entre el resto sin llamar la atención.
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Nunca gastan energía dando conversación y tienden al anonimato, porque no hay nada más peligroso que un tiburón capaz de esconderse a plena luz del día.
El abuelo cebolleta del bad beat
Las malas manos forman parte del poker. Suceden todo el rato. Si no puedes gestionar un bad beat, no deberías jugar al poker. Los mejores jugadores del mundo tienen una actitud zen y tratan de olvidarse de las malas manos en cuanto suceden. Los profesionales pueden llevarse un golpe fatal y seguir concentrados en la tarea que tienen que hacer. Si vives en el presente y te concentras en el ahora, no te atormentarás con esa carta maldita que te hizo perder hace cinco manos por culpa del sueco desahogado del asiento 1. Si ya es difícil mantener tu propia estabilidad mental en las mesas, tener al lado a un imán de bad beats puede ser una tortura. Por desgracia, a nadie le gusta sentarse al lado de alguien que se está quejando todo el rato. Las salas de poker están llenas de abuelos cebolleta del bad beat. Cuentan con una larga lista de bad beats y desgracias del pasado, y están encantados de compartirlas contigo. ¡No seas un abuelo cebolleta del bad beat!
El veterano de vuelta de todo
El veterano que está de vuelta de todo suele ser el graciosillo de la mesa, solo que sus bromas están llenas de sarcasmo y traumas de poker profundamente enraizados. Tienden a tener una visión del mundo deprimente y siempre pierden sus ases de mano. Los veteranos llevan en esto lo suficiente como para haberlo visto todo. Ya jugaban como forajidos y llegaron a conocer al mismo diablo por su nombre de pila. Han pasado por varios ‘booms’ del poker y podrían deleitarte con mil historias sobre pasar de no tener nada a tenerlo todo y al revés. No hay nada que impresione a un veterano, menos aún ese oven alemán que se acaba de embolsar unos millones en otro high-roller. La línea que separa al veterano de vuelta de todo del ‘hater’ puro y duro, es muy fina. En algún momento le preguntarás a estos condenados de por vida: «si tanto odias el poker, ¿por qué sigues jugando?» Te responderán: «¡Eso mismo me preguntó yo cada día!»
El androide paranoico
Como dice la canción de Nirvana, «Just because you’re not paranoid, don’t mean they’re not after you» («Solo porque no estés paranoico, no significa que no vayan a por ti»). Siempre hay alguien en la sala de poker que ha visto demasiados videos online sobre conspiraciones. Están todo el rato hablando de reptiles mutantes y de los Illuminati. Así que no es raro que esos jugadores con gorros de papel de plata suelten un rollo en las mesas sobre teorías absurdas de cómo el poker online está trucado y de cuántas naves nodrizas se esconden en el lado oscuro de la luna.
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