Repasamos la final mundialista en clave de poker. Dos horas de enfrentamiento que se terminaron cuando el mediapunta germano aprovechó el mejor spot de su equipo para enviar el balón al fondo de las redes.
Alemania y Argentina ofrecieron anoche un electrizante mano a mano. Un heads-up digno de recordar pese a que apenas se vivieron enfrentamientos de «all-in» y «call» en los 120 minutos que se prolongó el duelo. Sí hubo envites poderosos, que bien pudieron cambiar el signo del encuentro, pero solo Götze, que salió tras el primer nivel, logró desnivelar la balanza.
A priori, Alemania partía como favorito. Su regularidad, consistencia y solidez durante las primeras jornadas de competición apuntaba a que el edge estaba a su favor. Pero enfrente tenía un rival muy experimentado, capaz de sacar la varita en cualquier instante y apto para levantar ese 1,5 a 1 con el que partía de desventaja.
Lo bueno del poker, perdón, del fútbol, es que no hay ganador hasta que uno de los dos contendientes consigue las fichas del otro.
PRIMER NIVEL
Joachim Löw, seleccionador alemán, apostó preflop por Kramer ante la baja de Khedira. Por su parte, Alejandro Sabella, mister argentino, no tuvo reparos en igualar la apuesta con el mismo once que ya había derrotado a Holanda en las semifinales.
La propuesta germana pasaba por el control del bote. Las apuestas, medidas y estudiadas, fueron siempre muy justas y, como si de un libro abierto se tratase, sin overbets o apuestas de continuación tardías. El ABC, para entendernos. Un juego muy tight-agresivo que pasaba por aprovechar los posibles huecos que dejase el rival.
Los argentinos tenían la lección bien aprendida tras el estudio de sus últimos contrincantes. Horas y horas de Hold’em manager y volumen de trabajo para no caer en los mismos errores que, hasta entonces, ya habían cometido rivales de la talla de Brasil, Francia o Portugal. Sabedores de que, como equipo, estaban un paso por debajo de su contrincante, optaron por replegarse y esperar el momento adecuado para atacar: solo con las buenas. Y las buenas llegaron.
LOS ASES DE HIGUAÍN
A los veinte minutos de encuentro, Gonzalo Higuaín conectó dos ases que le permitieron gozar de la ocasión más importante del partido. El ariete sudamericano se aprovechó de una mala cesión de Toni Kroos para quedarse solo ante el guardameta del «Die Mannschaft, Manuel Neuer. El delantero, sin embargo, no supo extraer el valor de su mano.
Solo fue un aviso de lo que estaba sucediendo sobre el tapete verde. La fiabilidad alemana había hecho aguas de una forma inaudita hasta entonces. Toda una carga de confianza y moral para el combinado albiceleste que tras la primera media hora ya había logrado igualar los stacks. Había final.
Tan solo unos minutos más tarde de los ases de Higuaín, el punta nacido en Francia volvió a conectar una mano premium. Esta vez, sus [Q][Q] sí desarbolaron el entramado alemán, pero el director del torneo anuló la jugada al entender que a la hora de repartirse las cartas Higuaín no estaba en su asiento.
RIVERAZO PARA HOWEDES
El primer nivel, de cuarenta y cinco minutos, estaba tocando a su fin cuando se produjo el primer showdown del encuentro. La jugada comenzó en campo alemán, como casi siempre hizo el conjunto de Löw. El equipo liderado por Leo Messi decidió aguantar preflop y postflop los dos proyectiles lanzados por Ozïl y compañía.
Sobre la mesa [9][T][J][Q] y una nueva embestida, esta vez desde el córner, llegó por parte de los alemanes. Era el tercer barrel: «All-in». Envalentonados tras las ocasiones malogradas, los argentinos anunciaron el «call». El balón ya había partido desde la esquina de las botas de Kroos cuando las cartas se pusieron sobre la mesa: [Q][Q] para Argentina y…[K][Q] para Alemania, que mostró Howedes.
Era el tanto psicológico tan temido por los jugadores. La hinchada bávara ya celebraba cuando el crupier descubrió el [K] en el river. Bote partido y equipos al primer break del encuentro.
Las fuerzas se volvían a igualar. El toma y daca estaba siendo mucho mejor de lo esperado y el raíl se frotaba las manos ante un segundo nivel que prometía el mismo espectáculo que se había vivido en el primero.
PACTO (DE NO AGRESIÓN)
Tras la reanudación, los encontronazos volvieron a sucederse. Durante las primeras manos, Argentina llevó la voz cantante y a punto estuvo de poner tierra de por medio a través de Leo Messi. La pulga cayó a una banda con los [T][T] a la espalda y no dudó ni un solo instante en moverse all-in. Neuer sostenía [A][J], lo que habría supuesto, en caso de que este pagase, el segundo showdown del encuentro, pero no hubo «call» del cancerbero, que simplemente vio cómo los dieces rozaban el poste.
A partir de entonces, el mano a mano pasó por un período de trincheras. Las ciegas eran cada vez más altas y nadie estaba dispuesto a correr ningún riesgo innecesario. A estas alturas, quedaba muy claro que, con suerte, solo habría un sowdown más en el encuentro. Del 60-40 pasamos al 40-60 para, finalmente, establecernos en un 50-50.
Entre tanto, los seleccionadores movieron el banquillo. Sabella puso en el fieltro a «Kun» Agüero y a Palacio, lo que fue toda una declaración de intenciones. Argentina quería aprovechar su momento para tratar de desigualar las fuerzas. Pero la energía comenzó a faltar en casi todos los jugadores.
Con el tiempo casi cumplido, Sabella decidió resguardarse dando entrada a Fernando Gago. Löw, por su parte, aprovechaba para retirar a su artillero estrella, Miroslav Klose, y dar entrada a Mario Götze. Se acercaba el segundo break y el entrenador europeo abogó por volver a dominar el choque y encontrar más movilidad tras las primeras calles, que Argentina había asegurado hasta entonces.
DE LOS REYES DE PALACIO….
Finalizados los dos primeros niveles, la dirección decidió pasar a una estructura turbo. No era del agrado de todos, pero así se había establecido previamente y había que cumplir las normas. Era el momento de que las figuras apareciesen para dejar su sello. Palacio y Götze, uno en cada mitad, conectaron una mano extraordinaria, pero solo el segundo pudo acertar para saquear el stack rival.
Primero fue Palacio el que tuvo el torneo en sus manos. Su compañero Rojo, cumplido el minuto 97, colgó un balón a la frontal que parecía fácil para Hümmels, pero que el central se tragó incomprensiblemente. Palacio controló para encontrarse con lo que parecían, en un primer momento, dos preciosos ases, pero su control, demasiado largo, transformó la mano en reyes. Ante la salida de Neuer, Palacio optó por levantar el balón de forma acertada, pero su golpeo con la espinilla se perdió por el fondo de la portería.
Fue entonces cuando recordamos aquello que decía Amarillo Slim de que «puedes esquilar a una oveja cientos de veces, pero despellejarla solo una vez». Argentina ya se había llevado por delante la lana germana, pero no logró asestar el golpe definitivo, como si hizo después Götze.
… A LAS NUTS DE GÖTZE
Una internada de Schürrle, el jugador más activo en la prórroga, acabó con un centro al corazón del área en donde esperaba Götze, libre de marca. Fueron unos instantes para el recuerdo. Poco importaba su mano, ya que tenía posición y stack para abusar de su rival. Aún encima, el camino estaba despejado para conseguir meter el caldero hasta dentro. Y lo hizo.
Götze se convertía en el rey de la final. Había jugado sus cartas a las mil maravillas y aprovechó el (casi) único error en la zaga albiceleste en 120 minutos. Tras una década de sacrificio, Alemania veía recompensada el esfuerzo de un trabajo minucioso, en el que no hubo puntada sin hilo. Un digno sucesor de la que fue, durante 6 años, la mejor baraja del mundo: la española.
Jorge Iglesias es blogger en PokerStars.es
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