Cuando Países Bajos ganó la Eurocopa en 1988
La selección de Países Bajos es una de las más peculiares del mundo del fútbol porque desde la década de los 70 siempre ha estado considerada como una de las más temibles en cualquier torneo que dispute, pero en su palmarés tan solo aparece un título: el de la Eurocopa de 1988 disputada en Alemania Occidental. Esta es la historia de una conquista que dejó múltiples momentos emblemáticos y que culminó con el que sigue siendo uno de los goles más bonitos del torneo continental.
La Oranje llegó a la Eurocopa 1988 tras una larga travesía por el desierto, ausente no solo en la anterior edición, sino también en los Mundiales de 1982 y 1986. Cada vez quedaba más lejos el recuerdo de cuando rozó la gloria en los Mundiales del 74 y el 78, derrotada en ambas finales ante Alemania Occidental y Argentina, rondando desde entonces la incómoda pregunta de si algún día obtendría una nueva oportunidad de brillar.
Una derrota para empezar
La selección a batir en el Grupo 2 era Inglaterra, tanto por tradición como por su presencia en los cuartos de final del Mundial disputado dos años antes en México. Pero primero tocaba enfrentarse a la Unión Soviética, ausente en el torneo desde 1972. Los soviéticos plantearon un partido muy defensivo y su portero salvó numerosas ocasiones en un duelo donde los holandeses dominaron el balón. Pero una de las pocas llegadas soviéticas a la portería rival acabó en gol y Países Bajos comenzó con una derrota por 1-0 que no presagiaba nada bueno.
El hat-trick que cambió el rumbo
A pesar de todo el espectáculo que vendría después, el partido entre Inglaterra y Países Bajos está considerado por muchos como el mejor del torneo por la cantidad de ocasiones y alternativas que produjeron ambos países. Las dos primeras más claras llegaron del lado inglés con dos balones al palo, pero los holandeses fueron quienes abrieron el marcador justo antes del descanso.
Ante la Unión Soviética, el seleccionador holandés había dejado fuera del once inicial a quien había sido máximo goleador de la Eredivisie cuatro veces seguidas con el Ajax, pero esta vez enmendó su error y el portentoso delantero se lo confirmó con un hat-trick en el 3-1 ante Inglaterra. Después llegó el triunfo por 1-0 frente a la debutante Irlanda y la Naranja Mecánica pasó a semifinales como segunda de grupo, solo superada por los soviéticos.
La revancha contra los alemanes
Todavía escocía el recuerdo de la final mundialista de 1974 cuando los holandeses se cruzaron en la semifinal con los alemanes, siempre favoritos y más en calidad de anfitriones en Hamburgo. Al frente de todo un país ansioso por la revancha estaba el propio seleccionador de la Oranje, pues había sido el seleccionador en esa fatídica derrota de 14 años atrás.
Los problemas llegaron con el primer gol alemán a los diez minutos de la segunda parte, a pesar de que los holandeses habían dominado el balón hasta entonces sin sucumbir a la intensidad del rival (con cierta permisividad arbitral). Pero la Naranja Mecánica se repuso y remontó in extremis, primero con un penalti que igualó el marcador y luego con un gol del autor del hat-trick ante Inglaterra en el minuto 88.
La final que hizo justicia
El Estadio Olímpico de Múnich reunió en la final a las dos selecciones que se habían enfrentado dos semanas antes en el arranque del torneo. Si la Unión Soviética había sacado oro de su juego defensivo, en esta ocasión triunfó el fútbol. Es cierto que los soviéticos generaron algunas ocasiones durante la primera media hora, pero entonces la Oranje aprovechó un córner para abrir el marcador.
Pero lo mejor estaba por llegar. En el minuto 54 uno de los centrocampistas holandeses, con el 8 en el dorsal, cruzó el balón del lado izquierdo al derecho con un pase de 40 metros que llegó impecable a los pies del autor del hat-trick ante Inglaterra, quien no se lo pensó y sin que el balón llegara a tocar el suelo remató de volea ya casi en la línea de fondo. Con una trayectoria imposible y con el portero soviético algo desprevenido, el balón entró para sentenciar la final con el que sigue siendo uno de los goles más espectaculares de la historia de la Eurocopa.