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Cómo Afrontar una Racha de Buena Suerte en el Casino

12 enero 2024

Solemos hablar de cómo podemos enfrentarnos a las rachas de mala suerte que podemos sufrir cuando jugamos en un casino, quizás porque suelen ocurrir con más frecuencia que las de buena suerte.

Sin embargo, cualquier aficionado a los juegos de azar se ha visto envuelto, en algún momento, en una situación (más o menos duradera) en la que la suerte ha sido su compañera de juego. ¿Qué debemos hacer en esos casos? ¿Cómo debemos comportarnos en una situación en la que estemos teniendo suerte?

El concepto de la varianza

En matemáticas hay un concepto que todos los jugadores, desde los más novatos a los más expertos, tienen que conocer. Se trata de la conocida como «varianza».

No vamos a analizar este concepto desde un punto de vista estadístico, pero sí es importante que sepamos que lo que implica es que, en la práctica, los jugadores tendrán momentos negativos (que serán más frecuentes cuanto mayor sea la ventaja de la banca) y momentos positivos.

Esta alternancia es inevitable, ya que deriva del comportamiento de los números y de la estadística. Los jugadores no pueden y, de hecho, no deben tratar de «oponerse» a ella, sino aceptarla e intentar aprovecharla al máximo. Pero ¿cómo lo hacemos? Solo hay una forma posible: maximizando las ganancias en las rachas de buena suerte y minimizando las pérdidas en las de mala suerte.

Esto es muy importante que lo hagamos en ambas situaciones, las negativas y las positivas, pues tendemos a centrarnos solo en las rachas negativas, que son las que desencadenan el «tilt» (momentos en los que perdemos el control de la situación) y nos llevan a que las pérdidas sean todavía mayores; sin embargo, en este artículo, vamos a centrarnos en la otra cara de la moneda, las rachas de buena suerte en el casino.

La velada perfecta

Seguro que hay alguna ocasión, aunque no ocurra muy a menudo, en la que hemos sentido que todo iba sobre ruedas en el casino, puede que fuese porque habíamos acertado una apuesta a pleno en la ruleta, porque habíamos tenido una buena mano en el blackjack, porque nos había ido genial con los dados o por cualquier otra cosa.

No es nada raro que, en algunas ocasiones, sintamos que la suerte nos acompaña, aunque no en todas las tiradas (eso ya sí que sería extraño). En esos momentos de buena suerte es cuando tenemos que hacer frente a una serie de decisiones tan importantes como aquellas que hay tomar en los momentos más negativos.

Está claro que lo primero que hay que hacer es disfrutar de ese momento. Si hemos ido a jugar para divertirnos, tenemos que aprovechar ese gran momento de buena suerte, relajarnos y disfrutar.

Las reglas de la victoria: qué hacer cuando ganamos

Hay mucha gente que piensa que, si estamos en un buen momento en la mesa de un casino, nunca jamás tenemos que levantarnos. No sé si muchas de estas personas serán jugadores que hayan obtenido ganancias a largo plazo, pero este modo de afrontar la victoria no es, para nada, la mejor manera de gestionar el «bankroll».

No podemos negar que hay algo de cierto en esa afirmación: estamos ante nuestro mejor momento de suerte, por lo que podemos continuar mientras la banca siga perdiendo. Pero ¿hasta cuándo? Muchas veces vemos a jugadores que se empecinan en apostar cifras cada vez más altas cegados por esa sensación, derivada de una racha de buena suerte, que les hace creer que son «invencibles».

Sin embargo, ya lo adelantábamos antes, solo se trata de un momento positivo de la «varianza», no es que de repente seamos superhéroes. Por lo tanto, es importante señalar que no es mala idea que aumentemos las apuestas si estamos teniendo suerte o que juguemos durante más tiempo del que teníamos pensado, pero siempre con cuidado de no pasarnos.

Está bien que nos lancemos al vacío, pero solo si sabemos que tenemos una cuerda que nos va a frenar en la caída. El objetivo que persigamos tiene que ser el de poder añadir más dinero a nuestro «bankroll» y no malgastar todo lo que hemos ganado en una noche de suerte.

Hay que hacer caso a las estadísticas

En los momentos de buena suerte tendemos a «forzar» un poco algunas de nuestras jugadas. Parece que los números están de nuestra parte, ya que hasta el momento ha salido todo lo que queríamos que saliese. Incluso puede que nos estemos martirizando al pensar en cuánto dinero podríamos haber ganado si hubiésemos aumentado nuestras apuestas o elegido opciones cuyos multiplicadores fuesen más elevados.

Y justo ahí, en ese momento en el que ya hemos conseguido un buen pellizco, es cuando empezamos a arriesgar más en nuestras jugadas y a apostar más de lo que deberíamos, incluso eligiendo opciones mucho más complicadas y en las que la banca tiene una ventaja mayor. La suerte nos sonríe, lo sentimos.

Aunque claro, a veces esa sensación puede ser cierta, pero la mayoría de las veces no lo es. Así que, si nos está yendo bien esa noche, ¿por qué deberíamos cambiar la manera en la que estamos jugando y empezar a arriesgar más de lo debido con apuestas complicadas y que no nos favorecen?

Tres niveles de conciencia

Da la sensación de que, incluso aunque estemos teniendo una noche de suerte, siempre hay un posible escenario que parece negativo, ya que hay que ir todo el rato con cuidado. Como ya hemos dicho antes, si nuestro objetivo es divertirnos y estamos jugando con cabeza, lo único que importa es que disfrutemos de esa noche (o noches) de suerte y dejemos de preocuparnos.

Sin embargo, esto no siempre es así y es importante saber que hay tres niveles de conciencia que se pueden dar en estos momentos de buena suerte, sobre todo cuando, al tratarse de una actividad que nos gusta y nos divierte, tenemos la intención de jugar durante bastante tiempo.

  • Nivel uno: esta noche todo va genial, estoy teniendo bastante suerte y voy a disfrutar de las ganancias que consiga.
  • Nivel dos: madre mía, esta es mi noche, puede que aumente un poco el límite de mis apuestas mientras todo vaya como hasta ahora, siendo consciente de que si la suerte cambia tendré que parar.
  • Nivel tres: soy el rey del mundo, ¡puedo jugar a todo y apostar hasta convertirme en millonario! ¡Voy a apostarlo todo en un par de tiradas y lo doblo hasta llegar al máximo permitido!

Está claro que estamos exagerando un poco, pero sí que hay algo de cierto en cada una de estas afirmaciones en cuanto a cómo afrontamos esos momentos de buena suerte en el casino. Ni que decir tiene que el nivel uno y dos son las dos mejores opciones y la diferencia entre ellos radica en el jugador, en si este tiene un carácter u otro, en si dispone de más o menos presupuesto y, sobre todo, en su capacidad para sobrellevar las posibles pérdidas.

El nivel tres, por el contrario, está fuera de los límites de la sensatez y sería un indicio de problemas evidentes de gestión del «tilt» y de una actitud descontrolada de cara a afrontar los riesgos.

Las ganancias de las noches de suerte

Por último, vamos a hablar de lo que es más importante para mucha gente: el dinero que se gana.

En los momentos en los que la suerte nos acompañe, podremos conseguir premios que nos permitan incluso llevarnos dinero a casa. Así que es fundamental conservar ese dinero y no derrocharlo en las mesas (aumentando las apuestas de forma exagerada o haciendo apuestas complicadísimas), ya que esas rachas de buena suerte no se repiten con asiduidad.

Para ello, puede que nos resulte útil establecer lo que se llama un «Stop Win», es decir, un límite máximo de ganancias a partir del cual dejaremos de jugar, para poder conservar ese dinero en su totalidad. Puede que parezca que dejar de jugar en ese momento no sea muy lógico e, incluso, puede que haya veces en las que sea conveniente saltarse esa regla, pero siempre y cuando seamos capaces de controlar nuestro estado de ánimo en todo momento.

Suele darse la situación en la que el jugador sufre mucho más cuando pierde todo lo que había ganado en ese juego que cuando pierde lo que había invertido al principio. Por lo tanto, es importante tener en cuenta todas estas opciones más prudentes: dejar de jugar, limitar las apuestas, jugar solo con una parte de lo que hemos ganado, etc. Más que nada porque no tiene sentido que hagamos como si no supiésemos que, después de cada racha de buena suerte, es probable que llegue una racha de mala suerte. Sabemos que esto forma parte del juego, ya sea que lo llamemos «varianza» o, simplemente, una cuestión de azar.